🔴A veces me pregunto si el "mal" con mayúsculas no es más que esa mezcla de envidia y mala leche que destila el personal en cuanto te das la vuelta.
Vamos de civilizados por la calle, con el "por favor" y las "gracias" siempre a punto, pero la realidad es que el vecino que te sujeta la puerta es el mismo que se regocija cuando te ponen una multa.
El verdadero peligro no es un monstruo de película, sino esa hipocresía social que nos obliga a sonreír a gente que, sinceramente, no aguantamos ni cinco minutos.
Vivimos rodeados de personajes que se alimentan del fallo ajeno.
Es ese mal cotidiano, el que no hace ruido pero que te va minando la moral poco a poco.
Nos asusta la oscuridad de un callejón vacío, pero nos debería dar mucho más miedo la oscuridad de quien se sienta a cenar con nosotros y solo está esperando a que metas la pata para tener algo de qué hablar al día siguiente.
Al final, los villanos de ficción son unos aficionados comparados con la falta de empatía que se gasta la peña cuando se quita la careta de Instagram.
Sinceramente, prefiero un problema real que a un "amigo" de esos que te dan palmaditas en la espalda mientras te buscan el hueco para el puñal.
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